El historiador y ensayista Omar Acha, investigador principal del CONICET y especialista en historia de las prácticas culturales e intelectuales, analizó las transformaciones del peronismo, la vigencia de su identidad política y las razones que explican su capacidad para sobrevivir a las crisis. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), examinó también el lugar de las juventudes dentro del movimiento, las tensiones generacionales en La Cámpora y la relación entre el peronismo y su principal antagonismo histórico: el antiperonismo.
A lo largo de la entrevista, Acha reflexionó sobre los cambios sociales y económicos que modificaron las bases históricas del movimiento, el acercamiento de jóvenes a Javier Milei y las posibilidades de una renovación del voto juvenil peronista. También comparó la experiencia argentina con otros procesos políticos de América Latina y Europa, y planteó por qué el peronismo conserva su capacidad de transformación pese a sus disputas internas y a los reiterados pronósticos sobre su final.
Omar Acha es doctor en Historia, investigador y ensayista. Se desempeña como profesor asociado en la Cátedra de Filosofía de la Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, habiendo enseñado previamente pensamiento argentino y latinoamericano en las mismas instituciones. Investigador principal del CONICET, donde enfoca sus estudios en la historia de las prácticas culturales e intelectuales en el período 1950-2020 e investigador asociado en el Centro de Investigaciones Filosóficas. Es reconocido en el ámbito académico por sus enfoques críticos en el estudio del peronismo, la teoría social marxista y psicoanálisis aplicados a la historia.
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Se dice que la adolescencia fue un invento del siglo XX, porque hasta el siglo XIX, a los 13 años, salvo el 1% más rico de la población mundial, todos los demás se iban a trabajar; que la juventud y la adolescencia fue una creación del capitalismo con un exceso de producción sobre el consumo que permitía que por 6, 7 años más las personas pudiesen consumir sin trabajar. Dada la longevidad del siglo XXI, cuando hablamos de la juventud, la Juventud Peronista, hoy vemos la juventud de La Cámpora, todos son cincuentones. ¿Cómo entendemos juventud y cómo entendíamos la Juventud Peronista a mediados del siglo pasado y hoy?
Efectivamente, si uno ve las fotografías de la clase obrera de la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, hacia el 1900, observa que junto a lo que llamaríamos hoy personas adultas hay niños, muchos niños, porque ya trabajaban, ingresaban directamente al mercado laboral. Y concretamente, cuando comienza a surgir la Juventud Peronista clásica, que en general la solemos atar después de 1955 en el momento de la resistencia peronista y se va a desarrollar durante las décadas del 60 y 70 con Montoneros, particularmente como el mito constitutivo de la Juventud Peronista, solemos vincularlas con la Revolución Cubana, con los jeans, con los sixties, con el rock, etcétera. Pero si uno vuelve hacia las primeras expresiones de la Juventud Peronista, que comienzan a construirse ya desde 1946 y tienen una primera formulación en 1951, no va a crecer demasiado dentro del momento peronista y va a ser abortado en el 55. Eso va a ser olvidado. ¿Pero cómo se vestían esos primeros jóvenes peronistas? Se parecían mucho a los viejos peronistas: con traje, con corbata. Y no pretendían tener una cultura radicalmente diferente en este sentido. Las juventudes del peronismo fueron siguiendo los pasos de la evolución de las juventudes en la Argentina. Y, efectivamente, creo que hoy el rango de la juventud se ha extendido, se ha prolongado, y puedo ver tranquilamente, como ocurre en la dirigencia de La Cámpora, sobre todo jóvenes que peinan canas.
Y ahí, más allá de esa extensión, ¿no hay allí un anacronismo que de alguna manera está marcando que esa juventud peronista creada por el kirchnerismo ya no es juventud?
Lo que pasa es que si uno observa la juventud a partir de dirigencias, uno efectivamente encuentra que hay un desfasaje cronológico, ¿no?, o biográfico. Pero la gran mayoría de la militancia en La Cámpora son jóvenes, efectivamente: pueden ser adolescentes o llegan hasta los 30 años. Yo diría que uno puede ver esa coexistencia en La Cámpora: una gran afluencia de jóvenes y adolescentes incluso, y esa dirigencia que está estacionada en cargos desde hace ya varios años.
Y esos otros jóvenes de hace 5 años, 10 años, ¿qué pasa que no llegan a la…, que no hay un cursus honorum y no progresan? O sea, puedo proyectar que estos jóvenes de hoy de 15, 20 años, dentro de 10 años, ¿dónde estarán? ¿Dejarán de ser jóvenes de La Cámpora, o se progresa y se llega a ser dirigente, o se deja de ser joven de La Cámpora?
Hay muchos rangos intermedios en La Cámpora, ¿no?, muchas funciones. Pero es cierto que se ha consolidado una dirección que no se transforma. Y ese es un problema que probablemente tenga en el futuro. Pero a mí lo que me interesa discutir es la noción de que La Cámpora es una construcción sólo desde arriba, sino que también tiene una emergencia, que es lo que permite explicar su persistencia luego de que el kirchnerismo y el cristinismo particularmente fuera desplazado del Estado, ¿no?
O sea que usted ve que tiene larga vida, que es algo que se consolidó.
Me parece que sí, porque las previsiones de que esto iba a caer por su propio peso una vez que La Cámpora dejara de tener estos espacios en el Estado, en los ministerios, en las secretarías…, eso no se verificó, lo cual muestra que hay otros orígenes de La Cámpora y probablemente —y uno lo puede ver en el día de hoy, ¿no?— que siguen jugando en el tablero de las disputas del peronismo.
Y el peronismo, ya no la juventud, sino el peronismo en su conjunto de todos sus estudios, cuando ve el peronismo actual, ¿qué le permite reflexionar?
Bueno, creo que el peronismo ha sido dado por muerto en numerosas ocasiones. Creo que es uno de los deportes nacionales sancionar y encontrar el fin del peronismo, pero siempre retorna. Lo que sí me parece es que se han modificado las condiciones que permitieron la emergencia y la consolidación del peronismo como movimiento de masas. Es decir, esa estructura urbana, industrial, con grandes sindicatos, ¿no?, con seguridad social, con capacidad de distribuir, ya no es la misma a la de los años 40 y 50, ¿no? Y me parece que en buena medida la crisis del peronismo permite verificar que de alguna manera esos orígenes históricos ya no están presentes. De todos modos, creo que la apuesta justamente del peronismo consiste en adecuarse a sí mismo con su conocida flexibilidad para transformarse. Ya no es el peronismo… Por ejemplo, hoy se comienza a aceptar que hay ciertas… ciertas novedades socioeconómicas que no pueden ser desandadas. En este sentido, el peronismo siempre es otro. Me parece que ese es el secreto de su diferencia con los otros populismos latinoamericanos, ¿no?
Me gustaría profundizar esa idea de «el peronismo siempre es otro».
Bueno, el peronismo tiene un nombre, ¿no? Está articulado alrededor de un nombre o un conjunto de nombres que son sus dirigentes, lo cual ha permitido construir una idea de una suerte de populismo caudillista, ¿no?, que tiene una estructura vertical, cenital, como si la autoridad bajara directamente desde arriba. Pero al mismo tiempo eso coexiste, como lo muestran los estudios históricos, con una multiplicidad de actores y agentes que disputan en el seno del movimiento peronista. De allí su carácter tan heterogéneo e intrínsecamente conflictivo, como lo podemos ver hoy. Hoy nos encontramos en un momento en el cual, por lo menos hasta marzo o abril del año que viene, el peronismo va a estar disputando sus lugares, sus espacios, ¿no?, lo que Menem decía graciosamente que se estaban reproduciendo, ¿no? Y eso muestra justamente esa heterogeneidad constitutiva.
¿Y qué los une si pueden ser tan distintos, si puede ser otro en cada momento? Invariable, ¿qué hilo de continuidad?, ¿cuál es el cemento?
Una memoria, una memoria histórica. Lo que pasa es que las memorias históricas pueden decirse de muchas maneras y además permiten que coexistan diversas visiones. Entonces ese nombre de Perón que ahí vemos en la pantalla justamente habilita que pueda ser nombrado de distintos modos y al cual puedan serle atribuidas distintas orientaciones, pero de todas maneras permite ser reconocible. Y por otro lado, es identificado como un otro y como una identidad por esa gran fuerza ideológica de la Argentina, que es el antiperonismo.
Le iba a decir eso. Corach, que había sido profesor en Oxford, decía que el mejor invento de Perón no era el peronismo, sino el antiperonismo. ¿Por qué perduró el peronismo? En Brasil no hay un anti Getúlio Vargas, por ejemplo, u otros movimientos similares de mediados del siglo pasado. ¿Cuánto el antiperonismo es constructor del peronismo?
Bueno, entre los historiadores hay una discusión, ¿no?, de si hubo quizás un antiperonismo anterior al peronismo; eso es algo que no está completamente claro. Pero lo que es cierto, me parece, es que hay tramas que yo vincularía con identidades de clase y de estatus, en los cuales el peronismo funciona sobre todo para sectores medios, aunque hubo franjas de los sectores medios que se hicieron peronistas. Pero en la propia constitución de la identidad cultural y de estatus, ¿no?, de la valía de sí de la clase media, el antiperonismo es un insumo fundamental y eso ha perdurado. Uno podría decir que el antiperonismo se ha mantenido más incólume que el peronismo, que ha sabido fracturarse, enfrentarse incluso interiormente, quizás a los tiros. Y, sin embargo, el antiperonismo ha persistido como esa roca dura de la identidad de la clase media argentina.
Ayer entrevistamos aquí a un analista de opinión pública de Zuban Córdoba, la encuestadora de Zuban Córdoba, que en su último estudio descubrió que había más rechazo a Milei que al peronismo: era 40% antiperonista, 45% antikirchnerista y 53, 54% antimileísta. En una sociedad mundial que ya se polariza, el «anti» ya no es un privilegio del peronismo. Es un privilegio también del antiperonismo. ¿Hay un anti-antiperonismo?
Sí, y me parece que eso es revelador de una cierta dificultad en esta sociedad contemporánea en la cual vivimos para que surjan fórmulas hegemónicas o de poder que se sostengan en el tiempo, tanto económica como política y culturalmente. Y la manifestación de eso es la dificultad para que rijan los gobiernos; más bien la población vota en contra del gobierno que está en el poder, ¿no? Entonces eso es lo que genera este recambio de los elencos; pareciera ser un rasgo que se ha modificado y que se ha expandido como una circunstancia de época y que se reitera.
Entonces podemos decir que siempre hay un oficialismo, pero que es efímero y mutante con cada oficialismo, mientras que la fortaleza del peronismo es que el peronismo tiene un antiperonismo que resiste incluso cuando el peronismo não está en el Gobierno.
Sí, y ese antiperonismo puede tener también distintos continentes, ¿no?, puede encontrar distintas fórmulas del antiperonismo, ¿no?
¿Qué relación hay con el significante vacío al que apelaba Laclau?
Bueno, yo en general tengo una idea bastante más histórica, ¿no? Es decir, nunca hay un significante completamente vacío, ¿no?, ni ninguno lleno, ni ninguno completamente lleno. Pero quiero decir: hay una memoria que tracciona. Me parece que la experiencia de la izquierda peronista, que fue bastante problemática en los años 70, muestra esto, ¿no? Que cuando se intenta cargar a ese significante con ciertos sentidos, hay otros peronistas que también están jugando la partida. Y entonces siempre es un problema. Me parece que la idea laclausiana del significante vacío estaba habitada por la esperanza de la izquierda nacional —que era la tradición de la cual él viene— de que el movimiento peronista podía ser de alguna manera derivado hacia una vía que no era la original, ¿no?, que era la socialista, para decirlo de alguna manera. Sí, sí, sí, que podría ser orientado hacia potencias que el primer peronismo no podía realizar él mismo. Entonces necesitaba esa nueva élite, ¿no?, de los marxistas nacionales que lo condujeran hacia otros fines. Entonces, de alguna manera, el significante vacío es esa apuesta, ¿no?, laclausiana por ser el intelectual de los líderes.
Encuesta sobre “preocupaciones” y “miedos” en el país: el mismo tema apareció en primer lugar
Omar, esa frase de que «el peronismo tiene un Día de la Lealtad porque tiene luego 364 días de traición», de que los peronistas en los años pares se pelean pero en los años impares siempre se juntan, que es la misma frase que usted citaba, que creo que en realidad repetía de Perón sobre que «no se están peleando, sino reproduciendo»… Esa idea de la continua fractura, peleas a los tiros como usted cuenta, pero que luego se terminan uniendo, ¿a usted le resulta plausible y cree que para un año impar se van a terminar uniendo?
Yo creo que sí, yo creo que sí. Pero sobre todo me parece que no es un rasgo singular del peronismo. Uno lo puede encontrar a partir de la experiencia histórica en una diversidad de movimientos tan heterogéneos como el del peronismo, pero incluso en formaciones… Bueno, uno puede encontrar, por ejemplo, en la experiencia de la Revolución Mexicana, la del PRI, ¿no?, que también era nombrado de diversas maneras e involucraba, más allá de la costra de la representación de una unidad burocrática…
Usted fíjese qué interesante, porque obviamente el Partido Revolucionario Institucional es un oxímoron conceptual en sí mismo. Ahora, el PRI se acabó y lo siguió Morena. ¿Le podrá pasar lo mismo al peronismo?
Yo creo que por ahora vemos que posiblemente, como uno ve el escenario, es bastante probable que el próximo gobierno sea peronista, ¿no? Y esto va a involucrar una renegociación de las relaciones internas. Y por ahora yo no puedo ver el agotamiento de esa tradición.
Cuénteme: usted al mismo tiempo estuvo en el mundo universitario francés. Cuando ve las huelgas que suceden hoy, primero iniciadas por los propios estudiantes y luego que fueron progresivamente escalando, ¿qué le genera, transmite alguna posibilidad de que estemos frente a algo similar a lo de mayo del 68 o a la crisis de las hipotecas, a estos movimientos que ocupaban Wall Street, por ejemplo?
No, yo creo que un historiador alemán, Reinhart Koselleck, decía o distinguía entre el horizonte de expectativas y el espacio de la experiencia, ¿no? Como que el pasado era como una suerte de archivo de conceptos a los cuales recurríamos para interpretar el presente, y a veces eso es problemático. Yo veo que mayo del 68 mostraba la necesidad de un reordenamiento interno dentro de la circulación de las élites en Francia. Hoy nos encontramos con un fenómeno muy distinto, me parece, que se vincula con un proceso de la complejización de la sociedad francesa. En este sentido, es más la manifestación de una crisis interna que la reorganización de un Estado desajustado, ¿no? En este sentido, quisiera tratar de leer qué es lo novedoso que está ocurriendo y me parece que no poseemos todavía las categorías adecuadas para interpretarlo.
¿Qué cree que van a terminar siendo? ¿Y qué cree usted que está sucediendo?
No, me parece que el régimen de Macron o el gobierno de Macron está arrastrando una conflictividad que está todavía como acalmada, ¿no?, y que se está expresando ahora. Hacia dónde eso va a avanzar es algo muy difícil de predecir, pero en todo caso sí está manifestando un problema que atraviesa a toda Europa. En este sentido, no creo que sea solo un fenómeno francés o parisino.
Omar, una parte importante de votantes que naturalmente votaban por el peronismo, y fundamentalmente jóvenes, votaron por Milei en 2023. Dentro de los sindicatos confiesan los secretarios generales que la mayoría de sus votantes, paradójicamente, votaron a Milei. Dado su análisis de la juventud y del peronismo, ¿qué dice de que los jóvenes que normalmente deberían haber votado al peronismo hayan votado por Milei? ¿Cuánto hay en Milei una actitud proletaria que de alguna manera conectó con el peronismo?
Sí, diría que más que proletaria es más plebeya, ¿no? Es decir, lo que vieron los jóvenes, sobre todo los varones jóvenes, fue un individuo antisistema, alguien que venía a romper un estado de cosas que ya no era tan tolerable como antes. Lo que ocurre es que me parece que hoy la imagen de Milei también entre los jóvenes pobres comienza a entrar en crisis, porque se extrae la conclusión de que los resultados no se observan y que muy probablemente esta situación vaya a prolongarse en el tiempo.
¿Vuelven al peronismo?
Es algo muy difícil de saber. Seguramente una parte del voto juvenil va a ir al peronismo, otra parte va a ir a la izquierda —minoritaria, pero va a ir—. Pero todo hace prever que sí, que el voto juvenil va a retornar en parte al peronismo.
Finalmente, Omar, ¿Lula sería peronista? El fenómeno de Lula y del Partido de los Trabajadores, ¿qué punto de contacto tiene con el surgimiento del peronismo 50 años después?
Bueno, es interesante, porque si uno lo piensa en el mediano plazo, la figura de Lula surge de una tradición interna que es el laborismo, ¿no?, que proviene ya desde la década del 30 y 40 en el Brasil vinculado con la figura de Getúlio Vargas. Y en este sentido habría una conexión interna con el peronismo y con su historia. Pero pienso que es un fenómeno bastante distinto. Hay una dimensión obrera —que en la memoria, en todo caso, aquí sí proletaria— que caracteriza a Lula. Es un partido que ha surgido, que surgió en primer término a fines de los años 70 como un partido vinculado a los sindicatos, pero que para llegar al poder se ha abierto. El peronismo no, no era un partido de clase. El peronismo siempre se presentó como un partido de la alianza de clases, un partido nacional, de un movimiento heterogéneo que tuvo en su momento una columna vertebral, pero su programa no es un programa clasista.
Omar Acha, muchas gracias. Un gran gusto conversar con usted.
Muchas gracias por la invitación.
LMM



















