Al final asume Ramón Díaz, no asume, asume más adelante? No hay aquí una pizca de ironía. River venía (¿viene todavía?) en crisis y, de repente, apareció la versión, repetida una y otra vez en la mayoría de los canales y programas de radio de deportes de que Ramón ya asumía, hasta se había pronosticado una fecha, se decía que era un martes, el primer día de entrenamiento después del partido. Si eso ocurriese, sería el cuarto director técnico de River en un año: Gallardo, Coudet, Ponzio, y, eventualmente, Díaz. Pero el equipo de Ponzio empezó a ganar. A veces jugando bien, a veces más o menos, pero ganando. Con los jugadores que tiene River debería jugar mejor. Es cierto. Pero es igualmente cierto que viene ganando. Y que entonces, parece (digo parece porque solo accedí a los rumores, no más que eso) que la contratación de Ramón se frenó, o se postergó o, tal vez, se suspendió definitivamente. No lo se. Se, porque lo sabemos todos, que esta dirigencia (el oficialismo que viene de la época de D’Onofrio) no quiere a Díaz. Tampoco queda claro qué tipo de técnico quiere, porque a Gallardo le firmaron por cuatro años y lo rajaron a los pocos meses. Y Coudet es lo contrario al perfil de director técnico empresarial que, a priori, uno pensaría que a la dirigencia de River le gusta.
¿Y a cuenta de qué viene todo esto? Obviamente de que mañana juegan Boca-River, y a mí me hubiera gustado que a River lo dirija Ramón. Me repito: no hay una pizca de ironía en esta frase. Tampoco un gusto por la eventual crisis de River (porque si cambian otra vez al director técnico es porque las cosas no van bien) sino porque Ramón tiene un atractivo, un carisma, una forma del show que le vendría muy bien al fútbol argentino. Ramón es, tal vez, el último de los técnicos histriónicos. El último de los técnicos “personajón”. El último de los técnicos a la antigua. Volver a verlo entrar a la Bombonera sería extraordinario. Habría en ese gesto, en una entrada (¿triunfal?) a la Bombonera, algo que ya no existe más, o que se ve muy de vez en cuando, ahora que los jugadores y los directores técnicos se parecen cada vez más a robots, a declarantes neutros que no dicen nada (no es el caso de Arruabarrena, cuyas declaraciones son de una precisión quirúrgica), a la frase hueca y, muchas veces, en el caso de los técnicos, solo a durar. Cerca del final de su carrera, no sabemos si finalmente Ramón es un buen técnico. Ganó mucho con River y salió campeón con San Lorenzo. Pero también hay muchos (incluso jugadores que fueron dirigidos por él) que piensan lo contrario. Pero no se trata de si es bueno o malo, sino de que es único. Es una firma. El último director técnico con un aura que nadie tiene. Una pena que no esté.
Este domingo, mañana, veremos entrar al interino (al menos por ahora) Ponzio y a un River de estrellas que tiene muchas chances de ganar, no por funcionamiento, sino por individualidades. Del otro lado, Paredes en una pierna y sus 10 compañeros ya demostraron tener mucha personalidad. Va a ser un partido atrapante. Pero yo voy a extrañar a Ramón, ya me había entusiasmado.


















