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Qué santo se recuerda hoy, 28 de junio

Qué santo se recuerda hoy, 28 de junio



Este 28 de junio, el santoral católico rinde homenaje a una de las figuras más preclaras de la Iglesia primitiva, San Ireneo de Lyon. Como obispo y mártir del siglo II, su labor intelectual y pastoral resultó decisiva para combatir las primeras desviaciones doctrinales y consolidar la Tradición Apostólica frente a las corrientes gnósticas que amenazaban la fe.

El legado doctrinal y la firmeza pastoral de San Ireneo de Lyon

Nacido en Asia Menor, recibió una sólida formación espiritual de manos de San Policarpo de Esmirna, quien a su vez había sido discípulo directo del apóstol San Juan. Al trasladarse a la Galia y asumir la cátedra episcopal de Lyon, demostró ser un auténtico pastor de almas, uniendo la rigurosidad intelectual con una inmensa caridad hacia su rebaño.

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Su obra cumbre, titulada Contra las herejías, constituye el primer gran tratado de teología sistemática de la cristiandad. A través de sus escritos escritos originalmente en griego, el santo desplegó el milagro de la palabra, clarificando la armonía entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y defendiendo con vehemencia la auténtica divinidad y humanidad de Jesucristo.

Aunque la historiografía antigua no registra prodigios físicos espectaculares en vida, la Iglesia reconoce su capacidad para restaurar la paz eclesial como un verdadero portento de caridad evangélica. Su intervención ante el Papa Víctor I para evitar un cisma por la fecha de la Pascua demostró su profundo espíritu de comunión y reconciliación universal.

La devoción actual lo reconoce no solo como mártir, sino también como Doctor de la Iglesia, título otorgado recientemente bajo el apelativo de Doctor Unitatis. Sus reflexiones teológicas continúan siendo fundamentales para el ecumenismo contemporáneo, destacándose su célebre afirmación de que la gloria de Dios consiste en que el hombre viva plenamente.

Las oraciones a San Ireneo de Lyon suelen invocar su intercesión para alcanzar la unidad de los cristianos y la fidelidad al magisterio. Los fieles acuden a su auxilio celestial para solicitar discernimiento espiritual, fortaleza ante las corrientes ideológicas del mundo moderno y la gracia de mantener una fe inquebrantable en las promesas divinas.

Su fallecimiento, acontecido hacia el año 202 durante las persecuciones del emperador Septimio Severo, consolidó su fama de santidad en toda la cristiandad. Su magisterio imperecedero transformó la teología dogmática, legando un testimonio ejemplar de coherencia, amor a las Sagradas Escrituras y defensa del orden moral que sigue iluminando a la Iglesia universal.

Además de este célebre obispo, el calendario litúrgico conmemora hoy a San Atilio y a Santa Potamiena, mártires de la pureza y la fidelidad, y se prepara para celebrar mañana la máxima solemnidad de la Iglesia universal, San Pedro y San Pablo, cuyos martirios en Roma clausuran de forma gloriosa las festividades cristianas de esta semana.

En la Ciudad de Buenos Aires, los fieles pueden honrar su memoria y unirse en oración en la Parroquia San Ireneo, ubicada en el céntrico barrio de Caballito (calle General Martín de Gainza 695), un espacio sagrado propicio para la liturgia donde la comunidad eclesial venera su legado y solicita la protección de este gran custodio de la fe.





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