Este 2026 quedará en la memoria de Mariano Pensotti, ya que está en simultáneo presentando dos espectáculos suyos como autor y director, más su experiencia en el Colón y la versión cinematográfica de Felicidades junto al español Alex de la Iglesia. Estrenó La obra con su grupo Marea en el teatro Presidente Alvear con Rami Fadel Khalaf, Alejandra Flechner, Diego Velázquez, Susana Pampín, Horacio Acosta, Pablo Seijo y Julián Rodríguez Rona. Estarán sólo cinco semanas, hasta principios de agosto, de jueves a domingo, mientras se sigue dando y con mucho éxito su comedia Sottovoce en El Nacional. Escenarios comercial y estatal, a los que sumará el independiente con el retorno de Una sombra voraz en Dumont 4040, en agosto.
—Estrenaste La obra en Viena en el 2023. ¿Era otro mundo y otra Argentina?
—Es un proyecto que nosotros empezamos en el 2022 hasta estrenarlo un año después. Este espectáculo es muy particular para nosotros porque de hecho uno de los protagonistas no es argentino, es sirio y se llama Rami Fadel Khalaf. En ese 2023 no había guerras, lamentablemente le dio a La obra una actualidad que nosotros no sospechábamos. Aquí contamos de cómo se cuenta la historia y cómo se la reescribe. Alguien que es un victimario puede hacerse pasar por una víctima y viceversa. Justamente me parece que el gobierno actual ha estado y sigue muy empeñado en reescribir la historia argentina reciente. Uno de los consensos desde el regreso de la democracia hasta ahora fue la condena a la dictadura y la persecución a los crímenes de lesa humanidad, algo que parecía que iba a ser totalmente intocable. Pero este gobierno lo está poniendo en tela de juicio. Ellos mismos llaman a dar una batalla cultural y reescribir como parte de esa batalla la historia. Las capas de la violencia política reciente todavía están muy presentes en nuestra sociedad, por más que se las maquillen.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
—¿La acción transcurre en un lugar llamado Coronel Sívori que no existe?
— (Se sonríe) Con este espectáculo es la primera vez que nosotros trabajamos con un formato particular un “falso teatro documental”. Se presenta narrando algo como si todo fuera cierto, real y utiliza procedimientos del teatro documental o del biodrama, pero su contenido es totalmente ficcional. Hicimos un trabajo muy grande para que parezca que Coronel Sivori es real. Nuestra propuesta se pregunta si a veces los impostores no son más conmovedores que las personas reales.
—¿Sos consciente que cruzaste las dos veredas: el ámbito estatal y comercial?
—No fue para nada planeado. Estoy dirigiendo una obra súper comercial y es una experiencia muy particular. Además haré este espectáculo con mi grupo, en el Alvear y volveremos con nuestra propuesta independiente Una sombra voraz el 8 de agosto, en Dumont 4040.
—¿Cómo fue tu experiencia de transformar el texto teatral de Felicidades a guión cinematográfico y que lo dirija Alex de la Iglesia?
—Fui co-guionista. Primero Alex hizo una adaptación, él solo, de la obra de teatro y después me llamó a mí para que termináramos de escribir juntos el guión. Fue muy importante poder conocerlo, tiene un peso mítico en el cine europeo, tuvo una influencia muy grande, por lo menos para mi generación. Él es muy divertido, abierto, creativo y le dio totalmente su impronta a la obra de teatro. Además entró Peter Capusotto, que era como una obsesión personal de Alex, es fanático de él. Hay algo de su humor que es muy cercano y hace el papel del Medium.
—¿Y Sottovoce?
—Fue un muy buen proceso. Es la segunda experiencia que tengo trabajando con Adrián (Suar). Es curioso porque creo que somos dos personas realmente muy distintas que venimos de ámbitos diferentes, con contextos que no podrían ser más lejanos. Llego del teatro independiente, del trabajo colectivo y él obviamente tiene una carrera muy importante en la televisión y hoy en las plataformas y el cine. A pesar de nuestros caminos muy distintos, logramos comunicarnos muy fácil. Para mí está claro que tanto Felicidades como Sottovoce son trabajos que están hechos de alguna forma a medida para estos elencos y contexto. Los vivo de una forma muy distinta a lo que puede ser un espectáculo que hago con el grupo Marea. Son experiencias muy disfrutable y placentera, además de enriquecedora ya que me propone hacer una obra con ese nivel de masividad. Eso es lo que a mí más convoca, además de poder trabajar con esos intérpretes. Aquí están Lorena Vega, Carla Peterson, que son increíbles, Fernán Mirás en un papel especial, complejo de hacer y Adrián Suar que es muy preciso en la actuación, además de un capocómico realmente único.
—¿Es Suar el que te acerca el tema?
—Sí, las dos veces fueron muy parecidas en el sentido de que él tenía la idea central, embrionaria de los personajes y yo desarrollé la trama. Además siempre trabajo con mi gente, Mariana Tirante en escenografía y Diego Vainer en la música. Admiro el riesgo de Adrián de armar un espectáculo desde cero que es muchísimo más peligroso. Son trabajos que están escritos y creados ahora, que resuenan también de una forma particular, porque Sottovoce tiene que ver con la idea de salvarse solo o colectivamente. Tuvimos un año prácticamente de escritura, entre los dos, más el trabajo con el elenco, que aportó mucho durante los ensayos.
—¿Qué balance haces de tu experiencia dirigiendo la ópera Dementia con música de Oscar Strasnoy y textos de Ariana Harwicz en el Colón?
—También fue algo totalmente nuevo para mí. Había dirigido dos óperas en Europa, pero nunca antes en el Colón. Durante el primer tiempo ensayás en una sala en el cuarto subsuelo, pero después los últimos diez días vas al escenario y es realmente impresionante. Fue muy importante que el Colón eligiera hacer una ópera contemporánea de un compositor argentino actual, Oscar Strasnoy, escrita por Ariana Harwicz y dirigida por mí. Todo implicaba un riesgo enorme sobre todo sabiendo que por lo general el público del Colón es conservador a la hora de elegir repertorio. Además tuve un muy buen elenco, estaban entregados a probar cosas y pude trabajar como si fueran actores y actrices, no solo cantantes. Fue realmente una experiencia que repetiría encantado.
—¿Seguís pensando en quedarte a vivir en la Argentina?
—Sí, sin duda. Uno nunca sabe qué puede pasar en la Argentina o en el mundo, pero la verdad es un momento donde lo horrible está pasando en todos lados. La derecha viene ganando lamentablemente en muchísimos países de Europa, incluso de América Latina, con lo cual el panorama desde lo cultural y desde todo punto de vista está complejo en todas partes. Tengo mi vida armada acá y no me imagino en otro lugar.
—El arte hoy ¿parece muy cuestionado?
—Creo que más que cuestionado, el arte está bajo ataque directamente. Todo lo que pasó en estos últimos años con el cine, cómo desmantelaron el INCAA y los subsidios a las películas independientes, pasamos de un país donde se filmaba a esta triste realidad de casi nada. También en el teatro estamos viviendo un proceso parecido, porque los teatros públicos están produciendo menos ahora que antes, además las salas y los grupos independientes tienen poco apoyo, a diferencia de otros tiempos históricos. El teatro argentino es único en el mundo, pero es muy fácil que deje de serlo, porque con las políticas actuales y con menos presupuestos van matando un ecosistema cultural muy frágil. Es un momento más de resistencia que de esplendor.
