El 5 de julio de 1996 nació en el Instituto Roslin, un centro de investigación estatal ubicado en las afueras de Edimburgo, Escocia, la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula madre adulta.
El experimento, coordinado por los científicos británicos Ian Wilmut y Keith Campbell, se mantuvo en estricto secreto profesional durante más de siete meses hasta su anuncio oficial en febrero de 1997, cuando la revista especializada Nature publicó los detalles del procedimiento.
Hasta ese momento, la comunidad científica internacional sostenía de manera unánime que las células animales adultas que ya se habían diferenciado para cumplir una función específica en el organismo (como una célula de la piel, de la sangre o de un órgano) perdían de forma irreversible la capacidad de reprogramarse para dar origen a un nuevo individuo completo. El nacimiento de Dolly echó por tierra esa teoría biológica fundamental.
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La clonación de la oveja Dolly: la técnica de transferencia nuclear celular que hizo posible el milagro
El equipo de investigadores del Instituto Roslin empleó una metodología denominada transferencia nuclear de células somáticas. Para iniciar el proceso, los genetistas extrajeron células de las glándulas mamarias de una oveja madura de la raza Finn Dorset de seis años de edad, las cuales fueron colocadas en un cultivo de laboratorio y privadas de nutrientes para forzarlas a ingresar en una fase de letargo o inactividad divisional.
En paralelo, los científicos obtuvieron un óvulo no fertilizado de una segunda oveja de la raza escocesa Blackface, caracterizada por tener la cara completamente negra. Mediante el uso de micropipetas y bajo la guía de microscopios de alta resolución, los operadores procedieron a la enucleación del óvulo, un paso quirúrgico celular que consistió en extraer por completo el núcleo original que contenía el material genético de la madre donante.
El paso crítico del experimento consistió en fusionar la célula mamaria inactiva de la oveja Finn Dorset con el óvulo enucleado de la oveja Blackface.
Para lograr la unión de ambas estructuras celulares, el equipo técnico aplicó una serie de pulsos eléctricos breves pero de gran intensidad, una descarga que rompió las membranas celulares externas y permitió que el núcleo de la célula adulta se integrara de forma definitiva en el citoplasma del óvulo receptor.
La misma corriente eléctrica empleada para la fusión celular actuó como un estímulo artificial que simuló el proceso natural de la fertilización, desencadenando la división mitótica del óvulo.
Tras una semana de desarrollo controlado en condiciones de incubación de laboratorio, el óvulo fusionado se transformó con éxito en un embrión en etapa de blastocisto, listo para el siguiente paso operativo.
Las estadísticas del ensayo de laboratorio y la gestación definitiva
El porcentaje de éxito del ensayo fue extremadamente bajo, evidenciando las severas dificultades técnicas de la manipulación genética de la época. Wilmut y Campbell iniciaron el protocolo experimental con un total de 277 fusiones celulares; de ese grupo inicial, solo 29 embriones lograron desarrollarse de manera estable en el laboratorio y fueron implantados en los úteros de varias ovejas nodrizas de raza Blackface.
De las casi tres decenas de transferencias quirúrgicas en las madres de alquiler, se registraron apenas unos pocos embarazos viables, de los cuales solo uno llegó a término de forma efectiva tras el período de gestación normal de la especie.
El único sobreviviente de aquella serie experimental fue el cordero registrado bajo el código de laboratorio «6LL3», que posteriormente recibió el nombre público de Dolly en alusión a la cantante estadounidense Dolly Parton.
Dolly nació con la cara completamente blanca y el perfil genético idéntico al de la oveja Finn Dorset de seis años de la cual se había extraído la célula mamaria original, demostrando que el óvulo de la madre Blackface no había aportado información hereditaria al núcleo.
El animal pasó la totalidad de su vida dentro de las instalaciones del Instituto Roslin, donde procreó de manera natural un total de seis crías con un carnero de raza Welsh Mountain. La salud de la oveja clonada comenzó a deteriorarse de forma prematura a partir de 2001, cuando los veterinarios detectaron síntomas severos de artritis en sus articulaciones traseras.
El 14 de febrero de 2003, a la edad de seis años y medio, los científicos del instituto escocés decidieron aplicarle la eutanasia tras confirmar que el animal padecía un tumor de pulmón de origen viral muy común en el ganado ovino estabulado, una patología denominada adenocarcinoma pulmonar ovino.
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