Hubo un tiempo en el que las tardes no estaban mediadas por pantallas ni notificaciones de WhatsApp. La vida adolescente transcurría en una esquina fija, midiendo las horas entre el cordón de la vereda, los debates sobre rock nacional y un partido de fútbol interminable donde el arco era, simplemente, el portón de una fábrica o de una casa vecina. Esa cartografía sentimental, moldeada en la década de los ’90 en el corazón de Parque Patricios, es el motor de La Banda de Lurzu, la propuesta teatral que estrena hoy sábado 4 de julio, a las 22:30 ,en Nün Teatro Bar (Juan Ramírez de Velasco 419, CABA).
Con una dramaturgia colectiva escrita por Sergio Albornoz (foto arriba), Martina Valmaggia y Lourdes Varela, y bajo la dirección general del propio Albornoz, la pieza cuenta con un elenco enteramente femenino, integrado por Melina Loscalzo, Luciana Manzolido, Constanza Safe, Valmaggia y Varela. La obra se presentará todos los sábados de julio y, en un cambio de dinámica para el mes próximo, pasará a los martes de agosto a las 21. En diálogo con Vivo Perfil, Sergio Albornoz desandó los detalles de una producción que demandó más de dos años y medio de ensayos y que es, ante todo, un tributo a los lazos inquebrantables.
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De Luzuriaga a las tablas: actrices jugando en primera
La génesis de la obra se encuentra en la propia biografía del director. «Básicamente es una propuesta basada en mi adolescencia con mis amigos del barrio en los 90», relata Albornoz. «Parábamos en una calle que se llama Luzuriaga, de ahí viene La banda de Lurzu . Era el lugar donde pasábamos tardes enteras hablando de rock and roll y de fútbol. Le propuse a cinco actrices que hicieran de nosotros, que tomaran mi rol y el de mis amigos». El proceso de escritura partió de anécdotas reales recopiladas por el director, las cuales fueron tomando volumen y ficción en la sala de ensayo gracias al aporte dramatúrgico de Valmaggia y Varela. Uno de los mayores desafíos del proyecto fue puramente físico: lograr que las actrices encarnaran la corporalidad futbolera de aquellos chicos de barrio.

«El gran trabajo que tienen las chicas acá es que el espectador vea que son varones y que, además, juegan al fútbol. Hay una pelota todo el tiempo en escena -explica el director entre risas-. Si no sabés pasar la pelota con los pies es un problema, porque se te puede ir al público. Les mandaba tareas para que se llevaran la pelota a sus casas y estuvieran todo el tiempo practicando. Hoy la paran, la pasan, y el que entiende de fútbol va a notar que aprendieron muchísimo».
Para recrear ese rincón nostálgico, la escenografía apela a elementos potentes y simbólicos: el cordón de la vereda y un portón real, objeto que para Albornoz resultaba «innegociable» en el diseño del espacio. Aquí la entrevista completa:
El ritual de Patricio Rey y una sorpresa en la platea
La puesta está atravesada linealmente por dos pasiones que funcionan como memoria compartida y pulso emocional: el fútbol y el rock de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. «Para mí son dos líneas muy importantes porque, más allá de las rivalidades, el fútbol une. El ejemplo más claro fue cuando Argentina salió campeón mundial y se eliminaron las diferencias. Y el rock and roll de Los Redondos tiene ese mismo sentido ritualístico que junta a la gente. Concibo esta obra como una oda a la amistad», afirma Sergio.

La historia sigue a estos cinco amigos de Parque Patricios mientras planean el verano y se preparan para un partido crucial contra una banda rival del barrio, más grande en edad y pesada. Sin embargo, una noche, durante una pijamada, un conflicto irrumpe y fractura la aparente armonía, llevando la trama hacia una curva dramática intensa que explora el fin de la adolescencia.
El estreno de esta noche guardará, además, una mística especial en la platea de Nün Teatro Bar. Los amigos reales de la adolescencia de Sergio Albornoz estarán sentados en las butacas, sin saber absolutamente nada del argumento. «Ellos no saben de la existencia de la trama de la obra -confiesa el director con entusiasmo-. Vieron la promoción, pero no saben de qué se trata en particular. Hay mucha incógnita y va a ser muy interesante ver sus reacciones cuando se reconozcan en escena».

Al ser consultado sobre si el proceso lo inundó de nostalgia por su juventud y por un tiempo donde no existían los teléfonos celulares, Albornoz concluye con una mirada cálida: «Es una nostalgia de lindos momentos. El mensaje es que la amistad real trasciende el tiempo y el espacio. Hoy me sigo viendo con amigos que están acá o que emigraron; quizás pasa un año sin hablarnos, pero cuando nos encontramos, la conexión sigue intacta por el mismo carril. Por eso nació esta obra». Encontrá acá más info sobre las entradas.
