SOCIEDAD

Furia intacta y catarsis colectiva: Korn transformó su regreso a la Argentina en una caldera

Furia intacta y catarsis colectiva: Korn transformó su regreso a la Argentina en una caldera


A las 20:52 exactas, las luces del Parque Sarmiento se apagaron y la espera de cinco largos años llegó a su fin. Liderados por el vocalista Jonathan Davis, los californianos de Korn se subieron al escenario para desatar una tormenta metalera que atrapó a la multitud desde el primer segundo. Sin preámbulos, la banda demostró que la potencia de su maquinaria sigue intacta.

El impacto del show no fue solamente sonoro: el despliegue visual sumergió a los fanáticos en una dimensión hipnótica. Y en medio de la penumbra, la silueta inconfundible del pie de micrófono esculpido con la figura de una mujer desnuda anticipó lo que estaba por venir.

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Ya para el frenético y fugaz segundo tema, «Twist», las pantallas gigantes proyectaban inmensas olas negras mientras luces blancas, similares a flashes montados en palos, cortaban la noche porteña. Unos minutos después, el recinto fue atravesado de punta a punta por láseres cortantes bajo el sonido de «Here to stay». El escenario simuló hacer ruido blanco en sus fondos, al mismo tiempo que unas pantallas rectangulares descendían lentamente sujetas por «hilos» brillantes, como si una fuerza invisible las manipulara directamente desde el inframundo.

El viaje sensorial pisó el acelerador con «Got the Life», acompañada por la frenética imagen de una autopista nocturna en las proyecciones. Pero el gran pico teatral asomó de la mano de «Clown«. En la mitad exacta de la canción, el grupo clavó un silencio largo y dramático. El público, extasiado, rompió en aplausos, y Davis aprovechó para arengar, exigiendo todavía más ruido. Cuando la tensión llegó al límite, el cantante bramó un ensordecedor «¡Now shut the fuck up!» y retomó la violencia del tema como si fuera una trompada al mentón.

Korn en Parque Sarmiento

La energía siguió escalando con «Did My Time», que sonó atronadora y le pasó por arriba a las almas presentes gracias a los guturales afiladísimos de Davi. Ese clima preparó el terreno para uno de los momentos más esperados: el líder apareció con su tradicional gaita en el hombro para marcar el inicio de «Shoots and Ladders». En ese arranque, Ra Díaz (el bajista e integrante más reciente de la formación) sorprendió con un tapping furioso, respaldado por una voz que llegó al límite de su capacidad.

Como si faltaran emociones, los músicos encadenaron ese bloque de forma magistral con un sorpresivo cover del tramo final de «One» de Metallica. Aunque obviaron el mítico solo, la potencia rítmica bastó para que la gente explotara en un estallido de saltos y empujones. Sin dar respiro, el escenario se tiñó por completo con láseres verdes ultrapotentes para darle la bienvenida a «Coming Undone», manteniendo a la audiencia en un estado de ebullición.

Korn en Parque Sarmiento

Tras esa descarga brutal, bajó desde el público el clásico «olé, olé, olé». Lejos de su postura intimidante, Davis sonrió y sacudió la cabeza con gratitud. «Thank you so much Buenos Aires. That was amazing. ¿Cómo están esta noche?«, dijo visiblemente conmovido. En un tono íntimo, el cantante se sinceró: «Estuvimos muy ocupados en los últimos cinco años. Perdón por tardar tanto en volver. ¿Quieren escuchar una nueva canción?». Ese guiño dio paso a «Reward The Scars», que pavimentó el camino para los guturales al mango de la aplaudida «Cold«.

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El clímax final: pogos, demencia compartida y el último exorcismo

La solidez de la banda quedó en evidencia durante cada tramo del recital, sostenida por el muro de sonido que construyeron las guitarras de James Shaffer y Brian Welch. En «Twisted Transistor», el recinto se vistió con proyecciones de enredaderas blancas que trepaban por todas las pantallas, creando una atmósfera lúgubre que se espesó todavía más con los acordes densos de «Dirty«.

El pulso rítmico tuvo su momento de gloria absoluto en «Somebody Someone». Mientras la gente coreaba el estribillo, el baterista Ray Luzier detonó el final con un doble pedal que hizo temblar el suelo. «¡Put your motherfucking hands in the air!», exigió el líder. Minutos después, propuso un juego claro: «Gritemos ‘fuck’ a la cuenta de tres. ¡Quiero ver su dedo del medio!«. Esa fue la intro perfecta para «Y’all Want a Single», tema que se convirtió en un grito de guerra colectivo.

Korn en Parque Sarmiento

Cuando la noche amagaba con cerrarse, las pantallas encendieron la icónica tipografía de Korn para preguntarle a la masa: «¿Quieren más?». El anhelado encore arrancó con la envolvente «4U», pero la paz duró poco. Inmediatamente, la locura se desató con «Falling Away From Me». Súper celebrada desde el primer compás, la canción empujó a los fanáticos hacia un pogo final salvaje.

El broche de oro llegó con un doble éxito nostálgico infalible. Primero, los acordes de «A.D.I.D.A.S.» arrancaron alaridos de festejo apenas se dejaron escuchar. Segundos después, «Freak on a Leash» coronó la velada, cantada a los gritos y compartida en perfecta comunión entre la banda y el público. A las 22:26 exactas, las luces se encendieron. Y si bien pasaron sólo una hora y cuarenta minutos desde el arranque, el tiempo fue más que suficiente para que Korn transformara el frío porteño en una noche imborrable.

TC/ML





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