La revolución digital está definiendo desde hace años hacia dónde va el periodismo. Y en este 2026 lo va a seguir impactando en formas inesperadas a través de las fuerzas desatadas por la convergencia entre las múltiples dimensiones de la realidad del metaverso y la inteligencia artificial. En ese contexto caótico, las líneas editoriales aún resisten en las redacciones.
Desde el papel hasta TikTok o en los chats de inteligencia artificial, la identidad del medio es distinta en cada plataforma, y su línea editorial también. En el mejor de los casos, podemos hablar de círculos concéntricos en que, a medida que se alejan del centro de mando, es más liviano el control editorial y la agenda se vuelve más difusa. El resultado es una hibridez entre línea editorial tradicional y emergente.
La tendencia es a una mayor fragmentación de la línea editorial. Ahora, con los buscadores de respuestas de IA, cae el tráfico que derivan a los medios los buscadores de información.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Por eso, existe el riesgo para los medios de que tu chat de IA de consulta se convierta en tu medio de comunicación. Un experto de la industria, Álvaro Liuzzi, ve como tendencia que los medios hagan un chat propio que represente su personalidad editorial, antes de que toda su producción –que puede incluir un archivo único– quede indiferenciada en una masa de información anónima como un insumo para chats de terceros. Eso sería un refugio para la identidad editorial y para evitar no ser convertido en un commodity.
Lo importante es que en el corazón de la línea editorial están los derechos. En las escuelas de periodismo no se enseña mucho derecho, pero son los derechos –quizás– la materia prima principal de su oficio.
En sus decisiones, los periodistas ponderan los derechos de las personas involucradas en las noticias, pesan la cobertura de los conflictos de acuerdo a la gravedad de los derechos afectados y estampan como noticia lo que consideran violaciones graves al Estado de derecho. El periodista trabaja a diario también como juez y cuando opina se puede convertir en un fiscal o en un abogado defensor.
Veo tres indicios de que el periodista está inmerso en la realidad omnipresente de nuestros derechos.
1. En cada reunión de redacción se selecciona la agenda, entre otras cosas, ponderando la relevancia de derechos para el interés público de cada tema.
2. En los grandes reconocimientos profesionales donde los periodistas dan premios a periodistas, los trabajos elegidos suelen tener un obvio trasfondo de derechos. Revisa los premios Fopea, Adepa, Colpin, Pulitzer, Gabo o World.
Press Photo y la mayoría señalan víctimas o victimarios relacionados con derechos.
3. Una línea editorial se puede sintetizar en una lista jerarquizada de derechos a defender, representada por una cobertura sobre víctimas y victimarios relacionados con ese derecho.
Por lo tanto, todo medio tiene su propia carta de derechos implícita y, como pasa en los tribunales, puede ser que haya periodistas del medio que la interpretan de distinta forma. Al final, cada medio es guardián de lo que considera justo.
Desde este punto de vista, el pluralismo mediático consiste en que lo que es un derecho para un medio puede no serlo para otro; quien es víctima para un medio puede ser victimario para el otro.
Así, un medio, y periodistas en su interior, se integran a diversas coaliciones promotoras que militan por la difusión y consolidación de determinados derechos. Y no necesariamente porque el periodista se convierta en un activista, sino porque su trabajo es realizar intervenciones públicas que pueden tener impacto social. Por eso, los periodistas inciden en la aparición, desarrollo o caída de los derechos. Estas coaliciones promotoras son informales, operan en red, casi siempre en forma espontánea, y pueden incluir legisladores, funcionarios, intelectuales, emprendedores morales, activistas, ONGs, víctimas, profesionales, etcétera.
Cuando un periodista ingresa a un medio, de a poco “lee” en el ambiente cuál es la línea editorial. En general, los directivos suelen tener un discurso de libertad infinita, pero la finitud siempre existe.
Además, un periodista puede tener una doble línea editorial: una cuando está encuadrado en su medio y otra cuando se expresa libremente en otras plataformas.
La línea editorial son los temas y enfoques que ese medio difunde (agenda) y los que no (preagenda). En la preagenda, hay temas de los que no se habla por ética periodística: por ejemplo, asuntos relacionados con la infancia o con la amplificación de discursos de odio. Y temas que no se hablan por otras razones.
Cuanto más amplia es la preagenda, más baja será la calidad del medio. Si N son todos los temas, la máxima agenda posible es N-1. Ese 1 es el dueño. Si yo fundara un medio, sería insólito que mi medio publicara una investigación sobre mí. Así como un juez no puede investigarse a sí mismo, un medio tampoco a sus directivos.
La preagenda crece de N-1 a N-2 cuando incluye a los amigos del dueño, a N-3 cuando incluye a todos los anunciantes, o a N-4 cuando suma a todos los que llaman para presionar. Si el medio tiene mayor fortaleza económica, tiene la posibilidad –si también tiene vocación profesional– de resistir mejor las presiones. Por supuesto, también hay muchas presiones que son atendibles. El periodismo afecta la reputación de personas e instituciones, y estas se defienden. Pero, como dijimos, si crece mucho la preagenda, la calidad decrece.
También la línea editorial incluye ambigüedades. Puede ocurrir que haya una percepción interna falsa de la línea editorial, por malas interpretaciones de los mensajes “desde arriba”.
Las redacciones en el mundo tienen una larga tradición de conducciones autoritarias, y en esos contextos crece esa falsa percepción. Si, en cambio, las autoridades son cercanas y respetan a sus subalternos, esas falsas percepciones no existen o son ocasionales.
Al mismo tiempo, en las redacciones los derechos tienen una impronta generacional. Por eso hay una renovación de línea editorial que se va haciendo con el recambio de las generaciones. Lo que para una generación era natural para la siguiente puede ser una injusticia evidente.
Por ejemplo, hoy las generaciones de periodistas que conducen los medios tienen un fuerte compromiso con los derechos civiles y políticos, quizá por haber forjado su carrera en el proceso de recuperación democrática de las últimas décadas, pero un compromiso secundario con los derechos sociales.
Conclusión. La evolución de los derechos depende en gran medida de la sensibilidad de las personas comunes con lo que les ocurre a los demás. Y no sé si el mundo digital nos hizo más sensibles. Como, en gran medida, la piel de la sociedad son los periodistas, si vivimos en una sociedad que maltrata en forma permanente a las personas comunes es posible que nuestra piel sea poco sensible.
