El «impuesto al pecado» del gobierno de Lula
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El «impuesto al pecado» del gobierno de Lula



(Desde San Pablo) – A partir de febrero de 2027, el gobierno de Lula da Silva comenzará a cobrar el “Impuesto al pecado”. Como no podría ser de otra forma, el ingenio brasileño bautizó con esa denominación a un aumento adicional del tributo que deberán pagar aquellos bienes que integren la lista de productos pecaminosos: bebidas alcohólicas, tabaco en sus más variadas formas, y vehículos con polución alta.

Oficialmente, ese tributo no tiene nada que ver con la necesidad de aumentar la recaudación. Así lo dijo ayer el ministro de Hacienda Darío Durigan. “Nuestra meta es encarecer los productos y actividades que dañen la salud o perjudiquen el medio ambiente”. Aclaró, además, que el decreto en cuestión tiene “la fuerza de una ley”.

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El inventario de los rubros que caerán bajo el hacha impositiva, son de lo más variados. Para las “bebidas azucaradas”, como las gaseosas, regirá un adicional limitado a 2,6%; pero ese porcentaje va en aumento, a medida que el riesgo para la “salud humana” se vuelve mayor. Para vinos, espumantes y champagne, sube a 8%. Y se torna definitivamente complicado para cachaza, ron, vodka, wisky, rin y tequila; en estos casos trepa a 24%. Muchos de quienes veranean en las playas brasileñas sentirán que la caipiriña escapa del cálculo de sus gastos. Y de los cigarrillos mejor no hablar: aquellos que no han logrado salir de ese consumo, verán que los precios aumentaron de buenas a primera en 67%. El nuevo impuesto también se aplicará a algunos vehículos, dependiendo del nivel de contaminación; a la extracción de bienes minerales y de loterías, apuestas y juegos de deportes de fantasía

La medida también prevé la incidencia del “impuesto al pecado” en camionetas pickup, aeronaves y buques, dependiendo de las características técnicas. Pero exime aquellos destinados al uso operativo de las Fuerzas Armadas o agencias de seguridad pública.

A partir de 2028, el objetivo del gobierno es aumentar aún más el gravamen para desincentivar su consumo. Pese a que el objetivo parece ser la salud pública, los ingresos por esos tributos le rendirán al gobierno nada menos que 41.900 millones de reales, equivalentes 7.700 millones de dólares.

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Oficialmente, el Gobierno de Lula declaró que este impuesto “forma parte del nuevo modelo de tributación del consumo y tiene un carácter extrafiscal, buscando orientar las decisiones de consumo y producción hacia estándares más compatibles con los objetivos constitucionales de proteger la salud y el medio ambiente».

El domingo próximo, Lula hablará por cadena de radio y Tv, en un discurso sobre las reglas económicas que regirán su gobierno. Precisamente, el jefe de Estado convocó hoy a su ministros de Hacienda, su vicepresidente Geraldo Alkmin, más economistas del Partido de los Trabajadores, como Guido Mántega, para discutir cómo proceder para conseguir ingresos que le permitan disminuir el déficit fiscal sin tocas las políticas sociales, especialmente educación y salud. Y esto tiene que ver, a su vez, con una decisión del Banco Central, un organismo autónomo, de no rebajar la tasa de interés hoy en 13,75%. La propuesta de Durigan es realiza un ajuste fiscal “constante y gradual”, de modo de poder asegurar una baja del tipo de interés básico de la economía brasileña, al que calificó como excesivamente “alto».

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