Al final, la bonanza llegará algo más tarde (y con una condición)
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Al final, la bonanza llegará algo más tarde (y con una condición)



Los mejores 18 meses que haya visto la Argentina en su historia, o como sea que lo haya dicho el ministro de Economía, empezaron en abril. Hemos visto peores que estos, pero sin duda, también mejores.

Las predicciones no se dan bien con los funcionarios, lección que jamás se aprenderá. El presidente Javier Miei salió este jueves a enmendar tal vez sin proponérselo el pronóstico de Luis Caputo: situó la bonanza extrema de la Argentina en una fecha que va más allá de su primer mandato, aunque con una condición. Habrá que esperar hasta 2028 para comprobarlo, siempre y cuando Milei sea reelecto (el magnate tecnológico Peter Thiel lo consideró un desafío «existencial» para la Argentina en una entrevista reciente).

Milei habló este jueves ante un grupo de ejecutivos de finanzas y empresas en su último día de visita a Nueva York, donde participó de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su mensaje se conoció horas antes de que el instituto de estadísticas difundiera un alza en los índices de pobreza e indigencia en el primer semestre del año y una nueva caída, en julio, de la actividad económica. El Presidente no podía ignorar esa proximidad.

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La pobreza alcanzó el 32,2% en la primera mitad de 2026. Trepó 0,7 puntos respecto a un año atrás y 4,1 contra el segundo semestre de 2025. La indigencia llegó al 7,5%: subió 0,6 puntos interanual y 1,2 contra el semestre anterior.

El fenómeno está vinculado directamente con la inflación. Entre enero y junio acumuló 16,8%, con un pico de 3,4% en marzo. Pobreza e Indigencia se miden por ingresos y estos se comparan con el valor de las canastas básica y de alimentos. Aunque por decimales, ambas subieron más que la inflación (y tuvieron una fuerte aceleración en julio, que quedó fuera del registro e impactará en la medición del segundo semestre).

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La actividad económica tuvo entretanto en julio una caída de 2,9% contra el mes anterior, el mayor retroceso registrado desde la pandemia del Covid-19. También cayó 1,4% comparado con julio del año pasado. El fuerte retroceso sorprendió incluso a los analistas y se empieza a instalar la idea de que la economía podría entrar en recesión técnica (el PBI se había contraído 0,9% en el primer trimestre). Los pronósticos de crecimiento de actividad para 2026 ya habían sido corregidos a la baja por organismos como el FMI y la OCDE y consultoras privadas y ahora se sitúan en torno al 2%.

Milei volvió a subestimar esta cuestión durante la entrevista sin concesiones que le hizo en el Economic Club de NYC el editor global de Bloomberg John Micklethwait. No es el primer reportaje público que Micklethwait le hace a Milei: es un ejemplo a imitar para quienes acceden a entrevistar aquí al Presidente:

-La economía se contrajo entre marzo y junio. También tuvo números bastante malos en julio. Ahora la economía argentina enfrenta la perspectiva de tal vez seis meses de baja. ¿Le preocupa entrar en una recesión? Cuando era economista, así es cómo usted medía las recesiones…

-No vemos un problema de crecimiento. Este año vamos a crecer alrededor del 3%, tal vez un poco menos, y esperamos lo mismo para el próximo.

Malvinas e IA

El Presidente pasó por el atril de la Asamblea General estrenando su versión nacionalista-malvinera, un temperamento que lo asemeja más a sus guías Donald Trump y Benjamín Netanyahu (con quien se encontró ayer e intercambió elogios), y al discurso de dirigentes como el húngaro Viktor Orban o la presidenta del gobierno de Italia, Giorgia Meloni.

Es otro de los hallazgos del joven Santiago Caputo. Trump y los europeos tienen enemigos definidos en la inmigración y Netanyahu en los palestinos. Aquí se enciende la “causa nacional” y se restaura al algo deteriorado enemigo británico (y de paso se carga a la ONU de responsabilidades que no tiene en el conflicto por la soberanía). Es la manera dominante en la que se vienen construyendo hace tiempo política y discurso. Tabla de salvación para momentos difíciles, el discurso malvinero no tardará en astillarse.

En ese mismo ámbito el Presidente volvió a hacer profesión de fe libertaria con el compromiso de “no regular de manera preventiva” (repitió el concepto) el desarrollo de la inteligencia artificial. Además de abrir las puertas a las grandes tecnológicas a invertir sin obstáculos en el país. “Queremos ser el lugar más competitivo del mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia (…) La inteligencia artificial no es un asunto geopolíticamente neutral. Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología (…) En eso compartimos plenamente la visión del presidente Trump”, dijo.

Odio, temor e intimidación: delicias libertarias

También Trump había rechazado allí mismo los esfuerzos por crear un marco normativo global para regular la IA: “Quien gane esta carrera la va a ganar de verdad”, dijo, horas antes de recibir en Washington al presidente de China, Xi Jinping.

Las expresiones de Trump en favor de la desregulación de la IA (“Estados Unidos rechaza cualquier intento de construir un proyecto globalista para controlar la inteligencia artificial”) a las que se ha vuelto a montar Milei coinciden con la advertencia que los gurúes de Silicon Valley llevaron al Consejo de de Seguridad de la ONU sobre los riesgos que esa tecnología podrían implicar para la humanidad en su conjunto y la necesidad de participación de los estados en su desarrollo.

“Si la IA ha de ser democrática, las decisiones más importantes no pueden tomarse solo en laboratorios de San Francisco. Deben moldearse mediante procesos democráticos y por gobiernos responsables ante las personas a las que sirven”, dijo allí Sam Altman, CEO de OpenAI.

Milei habría hecho bien en volver a entrevistarse con él.

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